miércoles 17 de junio de 2009
martes 7 de abril de 2009
lunes 14 de julio de 2008
AUSENCIA DE SENTIMENTALISMO
En la mayoría de los prisioneros, la vida primitiva y el esfuerce
de tener que concentrarse precisamente en salvar el pellejo
llevaba a un abandono total de lo que no sirviera a tal propósito,
lo que explicaba la ausencia total de sentimentalismo en los
prisioneros. Esto lo experimenté por mí mismo cuando me
trasladaron desde Auschwitz a Dachau. El tren que conducía a
unos 2000 prisioneros atravesó Viena. Era a eso de la medianoche
cuando pasamos por una de las estaciones de la ciudad. Las vías
nos acercaban a la calle donde yo nací, a la casa donde yo había
vivido tantos años, en realidad hasta que caí prisionero. Éramos
cincuenta prisioneros en aquel vagón, que tenía dos pequeñas
mirillas enrejadas. Tan solo había sitio para que un grupo se
sentara en cuclillas en el suelo, mientras que el resto —que debía
permanecer horas y horas de pie— se agolpaba en torno a los
ventanucos. Alzándome de puntillas y mirando desde atrás por
encima de las cabezas de los otros, por entre los barrotes de los
ventanucos, tuve una visión fantasmagórica de mi ciudad natal.
Todos nos sentíamos más muertos que vivos, pues pensábamos
que nuestro transporte se dirigía al campo de Mauthausen y sólo
nos restaban una o dos semanas de vida. Tuve la inequívoca
sensación de estar viendo las calles, las plazas y la casa de mi
niñez con los ojos de un muerto que volviera del otro mundo para
contemplar una ciudad fantasma. Varias horas después, el tren
salió de la estación y allí estaba la calle, ¡mi calle! Los jóvenes
que ya habían pasado años en un campo de concentración y para
quienes el viaje constituía un acontecimiento escudriñaban el
paisaje a través de las mirillas. Les supliqué, les rogué que me
dejasen pasar delante aunque fuera sólo un momento. Intenté
explicarles cuánto significaba para mí en este momento mirar por
el ventanuco, pero mis súplicas fueron desechadas con rudeza y
cinismo: "¿Qué has vivido ahí tantos años? Bueno, entonces ya lo
tienes demasiado visto."
VIKTOR E. FRANKL
EL HOMBRE EN BUSCA
DE SENTIDO
EDITORIAL HERDER
1991
Versión castellana de DIORKI, de la obra de VIKTOR FRANKL
Francisco Lazo Alonso y Belén Cobaleda
